Diario La Tercera. Chile
Voto voluntario: beneficioso para la democracia
La reforma aprobada incorpora a más jóvenes a los procesos electorales y obligará a que los partidos políticos transmitan mejor sus propuestas.
22/12/2011 - 04:00
PRACTICAMENTE siete años tardó en ver la luz la ley que consagra la inscripción automática y el voto voluntario, una reforma que supone la transformación electoral más relevante de las últimas dos décadas. De acuerdo con la nueva norma -la cual tuvo su origen en una moción parlamentaria que data de 2004-, todos los chilenos mayores de 17 años quedarán automáticamente inscritos en el registro electoral y habilitados para sufragar (una vez cumplida la mayoría de edad), lo cual elevará el actual padrón electoral a unos 12 millones de votantes, desde los casi ocho millones que hoy están inscritos.
La nueva masa de electores obligará a los partidos políticos a reformular su anquilosada estrategia electoral, puesto que deberán desplegar esfuerzos mucho más activos para capturar las preferencias y motivar la participación electoral de personas de distintos segmentos etarios. Lo esperable es que las propuestas programáticas, como también las campañas electorales, deban ser más claras y motivadoras, porque ahora uno de los factores que deberán considerar los distintos sectores es que el apoyo que obtengan dependerá no sólo de la preferencia, sino también de la disposición de los electores a ir a votar.
No deja de sorprender, sin embargo, que el entusiasmo inicial que despertó la voluntariedad del voto, consagrada constitucionalmente en 2009, con el tiempo perdiera ímpetu y surgieran resistencias durante la tramitación de la ley orgánica respectiva, al punto que algunos sectores políticos -en particular ligados a la DC- impulsaran en el Congreso indicaciones de última hora para incentivar la concurrencia a votar, como días libres o preferencia para las becas estatales. De haber prosperado estas indicaciones, ciertamente se habría vulnerado el espíritu de esta reforma, esto es, que el voto sea fruto de la convicción de los ciudadanos y no producto de una obligación. Algunas voces han alertado que al desaparecer la obligatoriedad del voto, tenderán a sufragar mayoritariamente sectores con más acceso a educación o bien aquellos con marcadas preferencias políticas. Si bien algunos de estos riesgos pueden ser atendibles, el que las fuerzas políticas ahora deban hacer un mayor esfuerzo para convencer a un mayor número de electores debería reducirlos.
Por último, la implementación de esta reforma debe darse de manera cuidadosa, con el propósito de mantener el principal activo del sistema que será reemplazado: su confiabilidad. Corresponde a las autoridades electorales velar porque el nuevo sistema dé garantías a todos en este aspecto esencial.